Ágata Aguirre Martínez: el arte de construir tu propio camino
Amante del arte y del baloncesto desde pequeña, Ágata Aguirre Martínez ha aprendido que la vida no siempre sigue el camino que imaginamos. Antigua alumna del IES Ojos del Guadiana, es hoy tatuadora, empresaria y copropietaria de CUSTOM CULTURE, un proyecto que lleva diez años creciendo y que se ha convertido en un espacio de referencia en la región. Su trayectoria es la historia de dos pasiones que han convivido siempre y de una inquietud constante por aprender, crear y emprender.
Desde pequeña, Ágata sintió una especial conexión con las disciplinas artísticas. El teatro, el dibujo y la fotografía formaban parte de su mundo, porque siempre entendió el arte como una forma de comprender la realidad, expresarse y dejar huella en aquello que haces. Sin embargo, había otra pasión que llegó con la misma fuerza y que terminaría marcando muchas de sus decisiones: el baloncesto.
Cursó hasta 3.º de ESO en el IES Ojos del Guadiana. Con apenas dieciséis años hizo las maletas y se marchó a Albacete para jugar en un equipo de Primera Nacional y continuar allí sus estudios. Vivió dos años fuera de casa, una experiencia que significó mucho más que dedicarse al deporte. Aprendió a desenvolverse lejos de su familia, a adaptarse a un entorno nuevo y a comprender que, para perseguir un sueño, a veces es necesario salir de la zona de confort.
Después llegó Ciudad Real. De vuelta a su tierra, comenzó el Bachillerato en la Escuela de Artes Pedro Almodóvar, donde pudo acercarse aún más al mundo artístico. Mientras el baloncesto le exigía esfuerzo, constancia y disciplina, la formación artística le ofrecía libertad, imaginación y otra manera de observar las cosas. Dos mundos diferentes que, sin embargo, empezaban a complementarse.
Al terminar el Bachillerato y realizar la Selectividad, parecía que su futuro estaba decidido: estudiaría Historia del Arte. Pero, una vez más, el baloncesto cambió sus planes. Se marchó a Cuenca, donde encontró la oportunidad de seguir jugando mientras comenzaba sus estudios universitarios de Bellas Artes.
Aquellos años fueron una auténtica carrera de fondo. Compaginaba las clases, los trabajos, las entregas y los exámenes con los entrenamientos, los partidos, los viajes y las lesiones. No quería renunciar a ninguna de sus pasiones y encontró la manera de seguir adelante, aunque eso significara vivir siempre con la agenda llena.
Durante los veranos también trabajó en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, fue entrenadora y socorrista, y continuó pintando. Cada experiencia le permitía aprender algo nuevo, conocer a otras personas y desenvolverse en situaciones diferentes.
A lo largo de esa etapa, profesores, compañeros y amigos fueron dejando su huella tanto en su formación como en la persona en la que se estaba convirtiendo. Del baloncesto aprendió a trabajar en equipo, a levantarse después de una caída y a no rendirse cuando las cosas se complican. De las Bellas Artes sigue aprendiendo a observar, experimentar, equivocarse sin miedo y buscar su propia manera de hacer las cosas. Dos pasiones distintas, pero unidas por el esfuerzo, la disciplina y la necesidad de encontrar un camino propio.
Al terminar la licenciatura de Bellas Artes, continuó formándose: cursó primero de Diseño de Interiores y realizó el Máster de Educación. La idea de preparar oposiciones parecía el siguiente paso lógico, pero la vida volvió a poner ante ella una alternativa inesperada. Su pareja había comenzado un proyecto que también despertó su interés y que le permitía unir su formación artística con sus inquietudes creativas. Así fue como decidió embarcarse en una aventura empresarial que terminaría transformando su futuro.
Nació entonces CUSTOM CULTURE, un espacio dedicado a los artículos personalizados, el custom y, especialmente, el tatuaje. Desde el principio, Ágata no lo concibió como un simple negocio, sino como un proyecto con identidad propia: un lugar donde desarrollar su creatividad, poner en práctica los conocimientos adquiridos y dar forma a nuevas ideas.
Hoy lleva diez años trabajando como tatuadora y propietaria de este espacio, que se ha convertido en uno de los referentes del sector en la región. Durante este tiempo ha evolucionado profesionalmente y ha descubierto que tatuar va mucho más allá de dibujar sobre la piel: significa escuchar a las personas, interpretar lo que quieren transmitir y transformar sus historias en imágenes. Como autónoma, comparte con su pareja la responsabilidad de hacer crecer el negocio y coordina también el trabajo del equipo que forma parte de él.
La vida, sin embargo, sigue exigiéndole hacer malabares. Esta vez, entre el trabajo, la gestión del negocio, la familia, la maternidad y todas las responsabilidades del día a día. Después de cinco años alejada de las canchas por las exigencias de la maternidad y la vida familiar, el año pasado volvió a jugar al baloncesto. Retomar el deporte ha sido una manera de recuperar una parte importante de sí misma y, quizá, de cerrar un círculo: aquella pasión que tantas decisiones condicionó en su juventud vuelve ahora, no como una obligación ni como una meta profesional, sino como una forma de disfrutar.
Actualmente sigue compaginándolo todo. No siempre es fácil: hay días en los que las horas parecen no ser suficientes. Entrenar a las diez de la noche en Ciudad Real exige un esfuerzo añadido, como también lo requiere sacar adelante un negocio propio sin dejar de atender a la familia. Pero Ágata continúa buscando la manera de conciliar todas las facetas de su vida, consciente de que todavía quedan cambios, decisiones y nuevos caminos por construir.
Cuando mira atrás, reconoce que su trayectoria pocas veces siguió el plan previsto. Lo que en un principio pudo parecer una idea o un proyecto provisional terminó convirtiéndose en una profesión y en una forma de vida. Su historia demuestra que no siempre es necesario tener todas las respuestas desde el principio: a veces, el camino se descubre mientras avanzamos, probamos, aprendemos y nos atrevemos a cambiar de dirección.
Con motivo del 75.º aniversario del IES Ojos del Guadiana, Ágata comparte con nosotros una trayectoria en la que el arte, el deporte, el emprendimiento y la familia se entrelazan. Una historia que nos recuerda que las experiencias más diversas pueden ayudarnos a construir nuestro futuro y que cambiar de planes no significa renunciar a nuestros sueños, sino encontrar nuevas maneras de hacerlos realidad.