Francisco Javier García García-Luengo: la importancia de cuidar a las personas
Francisco Javier García García-Luengo estudió en el IES Ojos del Guadiana entre 2010 y 2016. Hoy trabaja como fisioterapeuta y continúa vinculado a su localidad, tanto a través de su profesión como de sus aficiones. Su trayectoria nos recuerda que crecer también consiste en descubrir nuestros intereses, aprender de quienes nos rodean y encontrar la manera de poner nuestros conocimientos al servicio de los demás.
Cuando recuerda su paso por el instituto, lo hace con especial cariño hacia sus compañeros y profesores. Más que una anécdota concreta, conserva en la memoria las conversaciones entre clases, los trabajos en grupo, los viajes y todas esas pequeñas experiencias que, con el tiempo, adquieren un valor especial. Entre sus recuerdos destacan los viajes a Andorra organizados por D. José Luis Fogeda, donde tuvo la oportunidad de descubrir y desarrollar sus habilidades sobre los esquís.
Entre los docentes que dejaron huella en él se encuentra D.ª Nuria Parejas Palacín, su profesora de Lengua Castellana y Literatura. De ella recuerda especialmente la cercanía, la empatía, la importancia de mantener la motivación ante las dificultades y la responsabilidad de afrontar nuevos retos. Con el tiempo, ha comprendido que aquellas enseñanzas iban mucho más allá de una asignatura y que siguen teniendo un papel fundamental en su vida profesional. Porque, como él mismo señala, la fisioterapia implica trabajar con personas, no solamente con lesiones: escuchar, comprender, transmitir confianza y acompañar a cada paciente durante su recuperación.
Tras finalizar el Bachillerato, decidió orientar su futuro hacia el ámbito de la salud y cursó el Grado en Fisioterapia en la Universidad de Jaén. Después continuó especializándose con un Máster en Fisioterapia Musculoesquelética y los títulos de Especialista Universitario en Fisioterapia Deportiva y en Fisioterapia Manipulativa y Miofascial. Una formación continua que le ha permitido ampliar sus conocimientos y comprender que, en una profesión sanitaria, siempre hay algo nuevo que aprender.
Sus primeros pasos laborales tuvieron lugar en residencias y centros de mayores, donde trabajó en fisioterapia geriátrica. Aquella experiencia le enseñó la importancia de adaptar cada tratamiento a las necesidades individuales, favorecer la autonomía y contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas.
También ha desarrollado su trayectoria en el ámbito deportivo. Durante cuatro años trabajó como fisioterapeuta del equipo sénior del Daimiel RCF, compaginando esta labor con su trabajo en clínica. Allí pudo profundizar en la prevención y el tratamiento de lesiones, la recuperación de los deportistas y su vuelta a la actividad física. Esta experiencia tuvo, además, un significado especial por la influencia de su abuelo, maestro de Educación Física y una persona muy vinculada a la historia del instituto, que le transmitió su sentimiento de pertenencia al equipo de su pueblo.
Actualmente trabaja en una clínica privada de fisioterapia de Daimiel, donde suma cinco años de trayectoria. Rodeado de un equipo de profesionales que le ayuda a seguir creciendo, valora especialmente la posibilidad de acompañar a cada paciente en su recuperación. Para él, cada persona tiene unas circunstancias y unos objetivos propios, por lo que resulta fundamental escucharla y adaptar el tratamiento a sus necesidades.
Fuera del ámbito profesional, Francisco Javier mantiene desde hace muchos años otra vinculación importante con la vida cultural de Daimiel: forma parte de la Banda Municipal de Música, una afición que también ocupa un lugar destacado en su trayectoria personal.
Si pudiera volver al instituto y hablar con el estudiante que fue, le recomendaría disfrutar de aquella etapa con tranquilidad, sin sentir que cada examen o decisión determina todo su futuro. Le animaría a escuchar los consejos de profesores, amigos y compañeros, a no tener miedo a equivocarse y a recordar que siempre existen diferentes caminos y oportunidades. Y, sobre todo, le recordaría que la formación académica debe ir acompañada de valores como el respeto, la empatía, la responsabilidad y la capacidad de trabajar con los demás.
Su consejo final invita a confiar en los propios intereses y en la intuición, sin olvidar la importancia de la formación y del esfuerzo:
Hallad lo que amáis. Seguid vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser.
La historia de Francisco Javier nos recuerda que el instituto no solo nos prepara académicamente, sino que también nos ayuda a descubrir quiénes somos y qué queremos aportar a los demás. Años después, sus recuerdos, las enseñanzas de sus profesores y los valores adquiridos siguen acompañándolo en su trabajo, en su relación con el deporte y en su compromiso con la música y la vida de su localidad.