La magia de enseñar
Hoy os traemos una trayectoria que, perfectamente, podría haber sido la de cualquier estudiante de Ciencias… pero que terminó convirtiéndose en algo mucho más interesante. Si quieres descubrir cómo José Antonio Gómez Caraballo Gómez del Moral transformó sus dudas, sus elecciones y sus cambios de rumbo, ¡sigue leyendo!.

«Siempre me gustó ir al colegio y siempre me gustó ir al instituto”.Lo que para muchos era una rutina, para él era un espacio de descubrimiento, de crecimiento… y sobre todo de amistad: “Para mí ir al instituto era pasar 6 horas al día aprendiendo rodeado de mis amigos.” Eligió el IES Juan D’Opazo aun sabiendo que no conocía a nadie. Buscaba aire fresco, rostros nuevos, experiencias distintas. Y aunque disfrutó de esos primeros años, el corazón —y los amigos— tiraron fuerte, y en 4.º de ESO decidió cambiar al centro donde estaban ellos, a nuestro iES Ojos del Guadiana. Aquella decisión marcó el inicio de lo que recuerda como “algunos de los mejores años de mi vida”.
El retrato que guarda de esa etapa es luminoso: mañanas de clase, tardes entre baloncesto, biblioteca y amigos, y esa despreocupación propia de quien aún no ha tenido que tomar decisiones cruciales.
“Recuerdo una tarde en la que me di cuenta de que en el instituto era feliz… aprendía, me lo pasaba bien y no tenía ninguna preocupación.” En ese instante sembró, sin saberlo, su futuro, «Yo quería que otros estudiantes pudieran sentirse así en algún momento de sus vidas. Que el instituto fuese un refugio, un impulso, un lugar amable.»
Como para tantos jóvenes, hubo docentes que modelaron su forma de ver el mundo: “Consuelo de Biología, Marjaliza de Química, Mercedes Catalán de Matemáticas, Mariví de Tecnología, Emilio de Física…” No todos dejaron la misma impronta, pero algunos fueron determinantes. Por eso, ahora que él es profesor, confiesa un deseo sencillo y profundo: “Con que un solo alumno guarde de mí el mismo recuerdo que yo guardo de ellos, mi trabajo habrá valido la pena.” El segundo curso de Bachillerato trajo nuevos desafíos: ayudar en casa y ahorrar pensando en la universidad, por eso comenzó a trabajar los fines de semana como repartidor en una pizzería. No era sencillo compaginar las clases, el estudio y el trabajo, y él mismo admite que al principio pensó que sus notas sufrirían.
Pero ocurrió justo lo contrario. Aquella responsabilidad añadida lo hizo más constante, más disciplinado, más consciente de lo que estaba construyendo. Y el resultado fue tan inesperado como merecido: terminó Bachillerato con matrícula de honor.
A la hora de rellenar la preinscripción de la universidad, no tenía ni idea de lo que quería hacer. Le gustaban muchas carreras, pero no había ninguna por la que se decidiese especialmente. «Todo el mundo me decía que podía estudiar lo que «quisiese», que con la nota media que tenía me cogerían en cualquier carrera en cualquier universidad. Cuando la gente me decía «puedes estudiar lo que quieras», yo sabía que se referían a que debía estudiar algo difícil, porque era lo que se esperaba de mí y hacer algo «fácil» sería desperdiciar mi inteligencia. Rellené las doce casillas que había para poner opciones: ingeniería de caminos, arquitectura, informática, ambientales, agrónomos, industriales, minas… y también en última opción, la número doce, bellas artes. No sé por qué rellené las doce, sabía que, con la nota que tenía me iban a admitir en la primera opción que pusiese».
Así comenzó a estudiar ingeniería de caminos, canales y puertos en Ciudad Real porque era la carrera más difícil que había en Ciudad Real, la que tenía la nota de corte más alta y era lo que se esperaba de él. Sin embargo, el primer cuatrimestre fue suficiente para entender que aquel camino no era el suyo. Y la claridad apareció en un momento inesperado: «viendo un capítulo de A dos metros bajo tierra, una frase lo sacudió: “Si todo el mundo pusiese un poco más de arte en las cosas que hace, el mundo sería un sitio mejor.”»
Esa noche dejó de estudiar para el examen de Física. Había escuchado lo que de verdad llevaba años dentro de él: quería estudiar Bellas Artes.
La decisión no fue fácil. Sintió incluso que decepcionaba a quienes esperaban otra cosa de él. Pero comprendió que rendirse no era cambiar de camino, sino seguir por uno que no te pertenece. Eligió ganar su propia batalla. «Decírselo a la gente no fue fácil, en cierto modo sentía que estaba defraudando un poco a todo el mundo, que no cumplía lo que se esperaba de mí y que estaba tirando por la borda mi futuro. De hecho, hubo gente que me dijo claramente que me estaba equivocando, que para qué iba a hacer Bellas Artes si eso no servía para nada, si Bellas Artes no tenía salidas…»
Tras finalizar Bellas Artes y completar el máster de Educación, tuvo que esperar casi una década para que volvieran a convocarse oposiciones de Dibujo. Durante ese tiempo trabajó en distintos empleos —camarero, socorrista, monitor de gimnasio, profesor particular— e incluso cursó el ciclo superior de deporte. Fueron años de esfuerzo y adaptación, pero finalmente logró dedicarse a lo que realmente quería: ser profesor.
Hoy puede decir con orgullo que tiene el trabajo que desea. Impartiendo clases en el IES Juan D’Opazo, en su propio pueblo, siente que contribuye a su comunidad. Y, recordando que sus mejores años fueron los del instituto, trabaja cada día para que las nuevas generaciones vivan esa etapa con la misma alegría y la guarden en la memoria con el mismo cariño.




Hoy es el profesor que acompaña a otros adolescentes a descubrirse, a equivocarse, a aprender, a soñar. Desde aquí aprovecha para repetir algo que ojalá muchos escucharan a tiempo: «Escoge tus estudios según tus prioridades: estabilidad o pasión. Si ambas coinciden, mejor. Y si no, ninguna elección es incorrecta. Pero, sobre todo, si comienzas una carrera y te das cuenta de que no es tu camino, no tengas miedo en cambiarte. La derrota es seguir con algo que no te gusta pudiendo hacer otra cosa que te haría más feliz.”
Y un último recordatorio para todos:
“El instituto es la etapa de vuestra vida con menos obligaciones. Aprovechadla. Disfrutad cada momento. Sed felices.”