QUIQUE PIBA: DE ALUMNO DEL OJOS DEL GUADIANA A REFERENTE DEL MOTOR
Más de 60 años de tradición familiar, una vocación nacida en las aulas y miles de seguidores en redes sociales. La historia de Enrique Álvarez Montealegre, “Quique” o “PIBA”, es un ejemplo de cómo la formación, el esfuerzo y la pasión pueden convertirse en una profesión.
Nos desplazamos hasta la calle Molinos, en Daimiel, para visitar Talleres PIBA, una empresa familiar con más de seis décadas de historia. Lo que comenzó vinculado a los motores agrícolas es hoy un taller especializado en mecánica del automóvil, dirigido por Enrique Álvarez Montealegre, tercera generación de la familia al frente del negocio.
Antes de convertirse en un conocido creador de contenidos sobre motor, Enrique fue alumno del IES Ojos del Guadiana entre 1997 y 2002. Recuerda especialmente las clases de Tecnología y a su profesor Javi, asignatura en la que se encontraba especialmente cómodo.
Entre sus recuerdos destaca: «un proyecto realizado en grupo, “Espectra”, una réplica de una atracción de feria que todavía se conserva en el instituto.»
Aunque se define como “un alumno normal, uno más”, reconoce que se esforzaba especialmente en Tecnología, Electricidad y Electrotecnia, materias relacionadas con la que acabaría siendo su vocación.
Al terminar el instituto tenía claro que quería dedicarse a la mecánica. Continuó su formación con estudios de Automoción, Electricidad y Electromecánica, adquiriendo los conocimientos que posteriormente combinaría con la experiencia práctica aprendida en su familia.
Actualmente, Enrique dirige junto a su mujer Talleres PIBA y compagina su trabajo como mecánico con su faceta de divulgador y creador de contenidos en redes sociales.
Su popularidad hace que cada vez más personas lo reconozcan por la calle y se acerquen a saludarlo. Para él, ese reconocimiento es una recompensa al trabajo realizado, aunque también reconoce que en ocasiones puede resultar agobiante.
Pero si hay una idea que Enrique quiso transmitir especialmente a los estudiantes del IES Ojos del Guadiana es que la formación es fundamental.
“Si no hubiera complementado la práctica que me enseñaron mi padre y mi tío con la teoría y la base que me enseñaron en el instituto, nunca habría llegado a ser el profesional que soy ahora.”
Su consejo para quienes actualmente están desmotivados es claro: “no tirar la toalla y continuar formándose, aunque a veces cueste, porque el esfuerzo termina siendo recompensado.”
La historia de Quique PIBA demuestra que aquel alumno que un día recorrió los pasillos del Ojos del Guadiana puede volver años después convertido en profesional, emprendedor y referente para miles de personas.