Durante nuestra movilidad en Portugal tuvimos la oportunidad de descubrir tres ciudades increíbles del norte del país: Braga, Viana do Castelo y Oporto. Cada una de ellas nos ofreció una experiencia diferente, llena de historia, cultura y lugares que nos sorprendieron desde el primer momento.

Primera parada: Braga

A veces, las mejores aventuras empiezan con un paraguas en la mano, y nuestra visita a Braga fue el ejemplo perfecto. El día amaneció gris, con un tiempo tan caprichoso que parecía empeñado en ponernos a prueba. Aun así, el cielo decidió regalarnos una pequeña tregua justo cuando llegamos al imponente Santuario do Bom Jesus do Monte.

Pudimos admirar su famosa escalinata, que se extiende como si no tuviera fin… aunque la sensación de “infinita” se multiplicó cuando, a mitad de camino, nos sorprendieron un buen chaparrón acompañado de fuerte viento y hast de granizo. Eso sí: nadie olvidará aquella mezcla de risas, carreras y fotos épicas bajo el temporal.
Después de recuperar el aliento, continuamos la visita desde la Porta de Braga y nos adentramos en el corazón de la ciudad. Allí recorrimos la Sé de Braga, la catedral más antigua de Portugal, un auténtico viaje arquitectónico donde conviven el románico, el gótico y el barroco.

Para entrar en calor tras tanta aventura climática, nada mejor que un cafelito bien calentito acompañado de un pastel de nata en la calle principal bajo la lluvia.

Segunda parada: Viana do Castelo

Nuestra visita a Viana do Castelo en esta ocasión no fue la lluvia protagonista si no el viento, que soplaba con tanta fuerza que parecía empeñado en chafar la visita.

En el impresionante paraje de Santa Luzia, mientras intentábamos mantenernos en pie sin salir volando, disfrutamos de unas vistas que, incluso entre ráfagas, nos dejaron sin palabras. Abajo, alguna que otra valiente decidió llevar la experiencia al siguiente nivel y metió los pies en un Atlántico tan embravecido que las olas llegaban a varios metros.

Después del “pequeño desafío meteorológico”, bajamos al centro de la ciudad para pasear por sus calles llenas de historia y encanto. Descubrimos fachadas elegantes, rincones llenos de tradición y ese ambiente tranquilo que hace de Viana un lugar que se disfruta sin prisas. A pesar del viento —o quizá gracias a él— la visita se convirtió en una aventura divertida y memorable, perfecta para recordar que a veces los mejores momentos llegan cuando el tiempo decide sorprendernos.

Última parada: Oporto

Aunque la jornada comenzó bajo una lluvia intensa que amenazaba con arruinar nuestra visita, el tiempo decidió darnos un giro inesperado: las nubes se abrieron, salió el sol y hasta iluminó nuestras fotos.

El broche final lo puso nuestra llegada a Oporto, una ciudad vibrante que nos conquistó desde el primer minuto: recorrimos el animado Mercado do Bolhão, admiramos los famosos azulejos de la estación de São Bento, nos dejamos envolver por el encanto de la Ribeira y cruzamos el icónico Puente Don Luis I rumbo a la Capilla de Santa Catalina, cuya fachada azul es puro arte.

El Duero bajaba tan lleno que tocaba ambos bordes tanto que en la noche su crecida llegó a inundar parte de la ribera. Entre paseo y paseo nos adentramos en el Museo de la Sardina y el Museo del Bacalao, descubriendo curiosidades sobre dos productos fundamentales de la cultura portuguesa, y, por supuesto, nuestros chicos aprovecharon cada parada para hacerse con recuerdos únicos.

Fue, en conjunto, una ruta llena de historia, cultura y momentos especiales que hicieron de esta experiencia Erasmus+ una aventura verdaderamente inolvidable.

Conclusión

Esta movilidad ha sido muy especial para nuestro alumnado, porque les ha dado la oportunidad de crecer, volverse más autónomos y confiar más en sí mismos mientras vivían experiencias nuevas en un entorno diferente.

A nivel profesional, nos ha venido genial para conocer otras formas de trabajar, compartir ideas con compañeros de fuera y ampliar nuestra manera de ver la enseñanza.

Y, en lo humano, convivir tantos días, superar obstáculos juntos y abrirnos a otra cultura nos ha unido muchísimo como grupo, fortaleciendo la empatía, el respeto y la capacidad de adaptarnos a lo que venga. En resumen, ha sido una experiencia que nos ha marcado de verdad y que recordaremos siempre.