De los Ojos a la Nube
Hay trayectorias que nos recuerdan que, detrás de cada examen y cada duda, se esconden sueños que poco a poco toman forma. Esta es la historia de Marcos Arroyo, un joven que comenzó su camino en el IES Ojos del Guadiana con la misma incertidumbre que muchos, pero que hoy nos demuestra que la curiosidad y el esfuerzo abren puertas increíbles. Su etapa en Bachillerato no fue fácil: “Lo pasé regular: es una etapa intensa, con dudas, estrés y materias que parecen no terminar nunca. Además, no tenía nada claro qué quería hacer después.” Pero entre los agobios también hubo luz: “Con el tiempo me he dado cuenta de que, entre exámenes y agobios, también pasaron cosas muy bonitas. Profesores que te inspiran, compañeros que se convierten en amigos y momentos que, sin darte cuenta, te acompañan siempre.”

Cuando terminó, siguió el camino técnico que ya había elegido:
“Decidí estudiar un doble grado en Ingeniería de Telecomunicaciones e Ingeniería Informática. Ahora estoy en cuarto de los cinco cursos de la carrera, y puedo decir que ha sido un camino exigente… pero lleno de oportunidades y, cuanto menos, interesante.”
Sobre la universidad, lo tiene claro:
“Es un lugar increíble si vas con ganas de hacer cosas. Además de estudiar, he trabajado como bibliotecario en mi propia universidad y he colaborado con ANECA en procesos de acreditación de titulaciones.”
Gracias a la carrera, ha vivido experiencias únicas:
“He visitado centros de procesamiento de datos, conocido empresas como Telefónica por dentro y visto de cerca la tecnología que usamos cada día y la que usaremos mañana.”
Pero no todo ha sido tecnología:
“También he participado en voluntariados que me llevaron a lugares tan distintos como Budapest o un pequeño pueblo de Serbia, descubriendo nuevas culturas y colaborando con jóvenes y comunidades locales. Son oportunidades increíbles que están al alcance de cualquier estudiante con ganas de aprender más allá del aula.”
Otro descubrimiento inesperado fue la representación estudiantil:
“Empecé en mi facultad sin saber muy bien cómo funcionaba y, poco a poco, fui asumiendo más responsabilidades hasta acabar representando a mi universidad en el Consejo Estatal de Estudiantes de Telecomunicaciones.”
Sobre las ingenierías, nos deja una reflexión preciosa:
“Aunque no lo parezca, acaban siendo preciosas. No se trata únicamente de programar o entender cómo funciona un satélite; se trata de comprender cómo funciona el mundo. Son carreras que te permiten tocar un poco de todo y explorar temas tan interesantes como la inteligencia artificial o la computación cuántica.”
Mirando hacia el futuro, Marcos mantiene intacta la ilusión y la curiosidad que lo han acompañado hasta aquí. Aunque todavía no tiene claro qué especialización elegir, sabe que quiere seguir formándose: “Quiero hacer un máster (o incluso dos), aunque aún no tengo claro de qué. Lo que sí sé es que tengo muchas oportunidades por delante.” Y añade algo que nos encanta escuchar: “Nunca olvido de dónde vengo: las clases de informática, física o matemáticas del instituto fueron mis cimientos.”
Nos deja un consejo:
“Las ingenierías no son fáciles, no hay que engañar a nadie, pero el esfuerzo merece la pena. Solo hace falta un poco de curiosidad sobre cómo funcionan las cosas. Al final, para ser ingeniero, solo hace falta querer serlo.”