Cuando el arte diseña ingeniería

Hoy hemos quedado con uno de los daimieleños más conocidos, no sólo por su labor profesional como administrador de la empresa IBERFIRMES, vinculada con la obra civil a nivel local, comarcal y nacional, sino también y casi más reconocido en la localidad en estos últimos dos lustros, es por su faceta artística como pintor “realista contemporáneo” podríamos definirlo, con una importante proyección nacional e internacional y un estilo distintivo,Juan Francisco Gómez-Cambronero Alonso. Sus pinturas están llenas de personalidad, dinamismo y emoción, con la capacidad de conmover y cautivar al espectador. Podríamos decir que tiene un talento natural en todo lo que toca y hace.

Pero siendo esto ya sobradamente relevante, por lo que nos acercamos hoy a conocerle más a fondo, es por su vinculación con nuestro IES OJOS DEL GUADIANA, antiguo IB José Ruiz de la Hermosa en su época adolescente, donde estudió el último curso de BUP y COU entre los años 1992 y 1994, para después iniciar sus estudios universitarios de ingeniería técnica de obras públicas en Madrid, seguido del grado de ingeniería civil en Murcia. Además, en la actualidad, sus dos hijos cursan estudios de ESO y BACH en nuestro centro.

Su paso por las aulas de nuestro instituto estuvo marcado por dos asignaturas que, curiosamente, definieron sus dos hemisferios mentales: las matemáticas y la filosofía. Aunque hoy es ingeniero, las matemáticas fueron inicialmente su gran «caballo de batalla«. Fue gracias a la paciencia y sensibilidad del profesor Alberto Herreros quien consiguió que Juanfra viera los números y las operaciones matemáticas de otra forma. «Fue una de las asignaturas que más me costó, pero que luego llegué a amar«, confiesa, al punto de que hoy disfruta enseñándolas a sus propios hijos y amigos. Por otro lado, la filosofía despertó en él un hambre por las preguntas fundamentales del ser humano, aunque vivió la paradoja de sacar una nota baja en selectividad tras haber sido un alumno de sobresaliente en casi todo, una lección temprana sobre la subjetividad del mundo, que no olvida a día de hoy.


Para Juanfra, el instituto representó la época de mayores transformaciones en su vida. «Es la etapa donde dejas de ser un niño y suceden muchas cosas a nivel emocional; te empiezas a conocer y te centras como persona«, recuerda con nostalgia. En aquel entonces, la motivación para estudiar venía de una realidad muy tangible: su padre, dueño de una cristalería local, le recordaba que, si no aprovechaba las clases, el trabajo en el negocio familiar le esperaba. Entre el deporte y los libros, Juanfra aprendió a convencer en casa con notas mientras disfrutaba de una libertad e inocencia que hoy, a sus casi 50 años, valora como un tesoro. Su trayectoria es un testimonio de cómo los años del instituto no son solo un trámite académico, sino el escenario donde se decide quiénes queremos ser.

Pero la vida de Juanfra no se limitaba a los libros. La faceta artística, que hoy lo define como un pintor de renombre internacional, ya latía en él de forma casi inconsciente. De hecho, admite que su facilidad para el dibujo técnico y artístico era tal que no le daba valor en la época adolescente, dedicándose incluso a: “decorar las mesas del instituto con dibujos de cuerpos humanos encadenados”, nos confiesa entre risas. Sin embargo, destacamos un hecho importante en esa etapa del instituto que le hizo cambiar para siempre, y fue ganar un certamen de pintura al óleo que se hacía por las fiestas de Santo Tomás, a finales de enero, que le hizo retomar el pincel en la mano tras años de inactividad, él lo define como «el empujón que mantuvo esa puerta abierta para su futuro”

La música también reclamó su lugar en esta etapa adolescente. De un encuentro fortuito en un pupitre con su amigo José Luis nació el grupo Samsara. Con dinero ahorrado de la vendimia para comprar su primera guitarra, Juanfra se convirtió en cantante, guitarrista y pianista autodidacta. «Durante cinco años estuvimos tocando, grabamos un disco en Madrid e hicimos muchos conciertos», relata, recordando cómo la industria musical acabó enseñándole que, sin grandes inversiones, los sueños artísticos a veces chocan con la realidad económica.


Hoy, Juanfra es un ejemplo de integración de muchas disciplinas. No cree que la lógica de la ingeniería y la sensibilidad del arte sean enemigas. Aunque admite que su formación técnica lo empujó hacia un hiperrealismo cuadriculado, ahora busca fusionar ambos mundos. «No quiero que haya discusión entre mis dos hemisferios; quiero que estén los dos al servicio de la pintura«, explica. Para él, la visión de artista le permite ser un ingeniero más creativo, capaz de diseñar espacios y buscar soluciones innovadoras donde otros solo ven cifras.

Al mirar a las nuevas generaciones que hoy ocupan sus mismos pupitres, Juanfra lanza un mensaje cargado de sinceridad. Nos insta a: “aprovechar cada etapa y, sobre todo, a confiar en nosotros mismos”. En un mundo lleno de distracciones digitales, nos recuerda que la tecnología debe usarse con mesura para no perder el foco. Pero, por encima de todo, defiende la cultura del esfuerzo: «Sin esfuerzo no hay recompensa… si quieres sacar una buena nota, eso va a ser a base de trabajo, no solo por ser muy inteligente«.

Finalmente, en tiempos donde la salud mental es una prioridad, Juanfra deja un consejo que considera esencial:

“Mi consejo es que no se queden callados. La salud mental importa, y exteriorizar lo que sienten es esencial. Busquen apoyo en los adultos y en sus profesores; no se aíslen ni intenten enfrentar solos lo que les preocupa a través de una búsqueda en internet.”

Su vida nos enseña que se puede ser racional y sensible, ingeniero, músico o pintor siempre que uno tenga el valor de ser fiel a todas sus pasiones.