Enseñar, crear, inspirar… y diseñar contenido

Entrar al Ojos del Guadiana es, para nuestra antigua alumna Sara Ruiz, como abrir un álbum de recuerdos que sigue oliendo a pimiento, a risas contenidas y a días que prometían ser eternos. Ha pasado tiempo —años, en realidad— pero al hablarle del instituto, su mirada cambia. Se ilumina.

He vivido muchos de los momentos más bonitos de mi vida allí. Es imposible quedarme con uno solo, me confiesa mientras sonríe, como quien vuelve mentalmente a aquellos pasillos llenos de historias. La conversación fluye y las anécdotas aparecen casi sin buscarlas. Una de las primeras, la más tierna quizá, la recuerda nítidamente: “Me enteré de que acababa de ser tía sentada en el hall de la segunda planta. Aquella emoción no se me va a olvidar nunca”.

Pero también están las otras, las travesuras, esas que ahora —como profesora— ve desde la otra orilla:Eran las mismas travesuras por las que echo la bronca a mis alumnos ahora… fingiendo seriedad, claro, porque por dentro me río al recordar que yo era igual.

Entre risas me cuenta el secreto mejor guardado de algunas mañanas: “Dejábamos los bocatas apoyados en los radiadores para que estuvieran calentitos… la clase olía a pimiento que daba gusto”. Y, cómo no, los momentos de amistad: “Las risas ahogadas en clase, los bocatas de magreta, la graduación de 2º de Bachillerato… pero, sobre todo, los vínculos que formé y que aún me acompañan”.

Hablar de su paso por el instituto es hablar de los profesores que la marcaron. Siempre habrá profes icónicos, afirma con firmeza. «Nieves aparece la primera en la lista, con su trenza impecable y sus historias que parecían sacadas de novelas. Luego llegan los de Historia: Vicente, Salva, Isabel… cada uno con su estilo, pero todos lograban que el pasado estuviera vivo”.

Su memoria también guarda imágenes casi cinematográficas: Recuerdo a José Luis Fogeda y sus gorros imposibles en los viajes a Andorra”. Y nombres que no solo le enseñaron, sino que caminaron con ella: Martina, mi tutora de 1º de ESO; Sara, la de 2º de Bachillerato; Noelia, que con los años se convirtió en amiga”.

Cuando termina de mencionarlos —Vicente, Yolanda, Julián, Alejandro, Ascensión, Juan, Arsenio, Jesús…— sonríe y concluye: De todos guardo algo bonito. Al final, más allá de los contenidos, lo que permanece en el recuerdo son las personas”.

Dice que nunca tuvo dudas. “Cuando terminé el instituto, tenía clarísimo que quería estudiar Filología Inglesa”. La UCLM se convirtió en su nueva casa, y en tercero llegó su primera gran aventura internacional: “Me fui de Erasmus a Alemania, una experiencia que me abrió la mente de una forma brutal”. Después vino el Máster de Profesorado. Después, las oposiciones. Y la plaza. “Ese fue mi primer paso hacia la profesión que siempre había querido”.

Ocho años después, sigue entrando al aula con la misma ilusión. Trabajo como profesora de inglés en el IES Hermógenes Rodríguez, en Herencia. Y sigo aprendiendo cada día gracias a mi alumnado.

Desde fuera, su trayectoria puede parecer una sucesión natural de pasos bien enlazados, pero quienes la conocen saben que cada avance ha nacido de la ilusión, la constancia y una vocación firme. Todo comenzó en 2020, cuando decidió abrir su cuenta de Instagram @teachingteacup. Según recuerda, lo hizo movida por una intención sencilla: «solo quería compartir mi día a día en el aula y los materiales que a mí me funcionaban». Lo que no esperaba era el alcance que tendría aquella iniciativa: «nunca imaginé la repercusión ni hasta dónde podría llegar».

Ese crecimiento, fruto de su dedicación y de su forma honesta de compartir, la llevó en 2022 a ampliar su campo de trabajo. Ese año comenzó a preparar a opositores, con el propósito de acompañarlos desde la empatía de haber vivido ese mismo proceso poco tiempo antes: «quise estar al otro lado de algo que yo misma había vivido no hacía tanto».

Aquel mismo año inició otra faceta profesional que pronto se consolidaría: la formación a docentes. En sus cursos comparte materiales, experiencias y reflexiones sobre metodologías activas y nuevas formas de entender la enseñanza, porque —como repite siempre— «enseñar también es aprender, y el conocimiento cobra sentido cuando se comparte».

Y en 2025 llegó uno de los hitos que más valora: “Trabajo con Oxford University Press creando material auxiliar para sus libros de texto. Es algo que jamás habría imaginado”.

Aunque su camino profesional aún es corto, habla del futuro con los ojos de quien no ha perdido la curiosidad:“Solo espero seguir creciendo, seguir enseñando y seguir aprendiendo cada día”.

Sus palabras son un recordatorio de lo que el instituto puede llegar a ser:

El instituto no es solo un edificio, sino un lugar donde se siembran vocaciones, se construyen amistades y se coleccionan historias que, con el tiempo, se vuelven hogar.